La odisea de un poeta o el mejor y más logrado
Fernández
Víctor Chavarria
Releyendo Sin páginas amarillas, obra del gran critico de la literatura nicaragüense Beltrán Morales, se llega a la página que trata sobre el primer libro de Francisco de ASÍS Fernández, A principio de cuentas (1968), y, se dice: "este es el mejor y más logrado Fernández". En verdad, la obra cautivó y sigue cautivando a los lectores, con similar intensidad, guardando las proporciones, que los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Desde entonces en la memoria colectiva comenzarían a sonar Biografía de Honey, Mi primo Chale y sus famosos epigramas. Asi también de la misma forma que inspiraron los epigramas de Ernesto Cardenal, esta obra primeriza inspiró a quienes luchaban por su libertad. Acaso inspirados por Honey Barquero, la musa del poeta, en cuya Biografía los elementos tienen la capacidad de metamorfosearse en canario, alpiste de oro, bandadas de golondrinas azules, madero florecido, caballo nervioso, Diana de mármol, mariposa, petenera, lago, sombra, nube y luna. Pues el poema le sugiere al pueblo una metamorfosis subversiva: trascender la condición kafkeana de Gregorio Samsa en que se vivía en los tiempos de Somoza.
En este sentido, en el tren de la revolución hubo quienes se montaron en los vagones de la realidad y el sueño, los vagones de primera, para influir en la metamorfosis que se estaba necesitando, y, el poeta no fue la excepción. Comenzó asi su rebelión existencial con La sangre constante (1974), su testimonio político y sed de utopía En el cambio de estaciones (1981) y más tarde su antología Poesía política de Nicaragua (1985), obras en las que el poeta da cuenta explícita e implícitamente de esa metamorfosis que se había venido operando ("19 de Julio"), tras derrocar a Somoza. Sin embargo, cierta nostalgia ya se va percibiendo en Pasión de la memoria (1986) quizas como resultado del descontrol del tren en que va viajando, cuya destino supuestamente hacia una sociedad nueva y mejor, no se va correspondiendo con sus sueños. Ante estas circunstancias tales sueños se arraigaron más en el poeta y tiene lugar en él una toma de conciencia más profunda alrededor de la naturaleza humana. De tal forma que cuando el tren se descarrila el poeta no pierde su identidad ni huye a ninguna torre de marfil, sino que se queda con el pueblo accidentado, para vivir también como hombre en lo cotidiano y como poeta sin claudicar nunca en la búsqueda del paraíso de sus sueños.
"¿A qué profundidad o superficie del océano de las edades está el paraíso?", se pregunta, y en pos de él su poesía abre surcos de los que brotan maravillas, fantasías, realidades, etc. ¿Huellas inequívocas de enrumbarse hacia el paraíso? Probablemente: "En el rito místico de la vida/la serpiente nunca acaba de salir del paraíso/y no sé si soy la serpiente". ¿Pero por qué lo hace metamorfoseándose? Porque a primera vista pareciera no tener otra alternativa. Francisco de ASÍS Fernández lleva su vida entera siguiéndole el rastro a ese mundo paradisiaco y no lo encuentra. Lo buscó en la década de los 80 en los tiempos de la revolución sandinista y lo impidió la guerra impuesta por el imperialismo y la mala conducción de sus principales dirigentes que la hicieron fracasar. Lo buscó en los países dei mundo donde ha vivido y tampoco, ¿dónde no lo buscó? Su paraíso no es terrenal como el del pintor Paul Gauguin, quien, de acuerdo con El paraíso en la otra esquina de Mario Vargas Llosa, "lo había buscado en la Bretaña, tradicionalista y católica, orgullosa de su fe y sus costumbres, pero ya la habían mancillado los turistas pintores y el modernismo occidental. Tampoco lo encontró en Panamá, ni en la Martinico, ni aquí, en Tahiti, donde la sustitución de la cultura primitiva por la europea ya había herido de muerte los centros vitales de aquella civilización superior, de la que apenas quedaban miserables restos."
Si hubiera algún paraíso terrenal para él ese tendría que ser Granada, pues asi como Flaubert es Madame Bobary, Granada es Francisco de ASÍS Fernández en Espejo del artista (2005) y quizás en toda su obra poética, pero no lo es porque se pierde en el tiempo, del que busca que no escapen las cosas de la vida cotidiana, los sueños de los personajes, sus locuras, anhelos, pasiones, el humor, la ironía, etc. Algo que el propio poeta lo reduce, no al paraíso, sino a un simple tesoro del paraíso que busca: "Que no le pase nada a mi pasado/porque es un tesoro que tengo". Efectivamente, Espejo del artista es un tesoro, pero también una forma de novelar, en la que Granada es para el poeta lo que Macondo para Gabriel García Márquez, Santa María para Juan Carlos Onetti, Cómala para Juan Rulfo, Yoknapatawpha para William Faulkner, Amatitlán para Franz Galich, Masapeíe para Sergio Ramírez, ¿te. Es una obra poética que por eso mismo pareciera ir más allá de lo que Sergio Ramírez dice acerca de Esos rostros que asoman en la multitud, poemas de personajes, de Pablo Antonio Cuadra, sobre los que "casi podríamos creer que estos personajes contenidos en la poesía, están como en la cápsula experimental de una novela nicaragüense. Se recurre a sus propias vidas para dar argumento al poema -porque son poemas con argumento, historias reales- y estas vidas resultan singularmente dotadas de carga poética y novelesca".
Por supuesto, el poeta no es novelista en Espejo del artista, pero, quizás va más allá de lo que dice Sergio sobre la obra de PAC, porque, de acuerdo con Yllescas, contribuye esta obra, porque en ella subyace del periodo sandinista la desolación subterránea que el fenómeno sedimentó en quienes lo vieron y lo vivieron de cerca, lo que no logró plasmar la gran novela de la revolución que aun sigue por verse o libros en general que hablan del tema. Pero el asunto va más allá: Según Illescas sobre Espejo del artista, y yo diría que toda la obra del poeta, cambia en alguna manera, el sentimiento de la poesía escrita en Nicaragua a partir de Dario y Salomón de la Selva, da continuidad al enriquecimiento de la poesía; y especialmente, al de la poesía escrita en Nicaragua. De ella y en general de la poesia nicaragüense, primer producto de exportación universal, hay mucho que aprender. Ya lo dijo José Coronel Urtecho, para los novelistas quizás sea recomendable leer mucha poesía; probablemente no sólo se encontrará aliento, ritmo y musicalidad necesarios en la novela, sino también otros recursos técnicos de interés quizás para los que buscan escribir la novela de la revolución o la novela universal. Comenzar por cualquiera de las obras de Francisco de ASÍS Fernández no es mala idea, pues se podría decir que toda la obra de este autor es un inmenso mural o un inmenso espejo hacia el que se puede volver los ojos para mirar su odisea, ese espacio ondeante que señala Alvaro Urtecho de luz y sombra, día y noche, fulgor y tiniebla, anverso y reverso, sabiduría, piedad, sensualidad, exaltación y sacramento.
O tal vez la obra de Francisco de ASÍS Fernández es un inmenso friso, por lo que no es casual que su obra con este nombre, Friso (1996), despliegue una visión poética que alcanza niveles cósmicos y donde el amor, uno de sus símbolos, adquiere una fuerza poderosa que, como dice Anastasio Lovo, relativiza negativamente a la política y al poder: "...en esta tierra etérea de! desencanto/toda verdad es Quimera/el sueño encuentra puñal en la cuenca de la mano/la política es estéril/seca el pozo dulce de la fecundidad/destroza entre sus dedos la mística/del amor del hombre y la mujer/hace tiranos y ladrones", y, gracias a este amor, que atraviesa toda su obra poética, se divisa el árbol del paraíso donde "... los amantes, son sólo labriegos del amor/ que siembran afanes limpios y cortan las desidias/insomne y sosegado sobrevivo a la liturgia del frenesí de las caricias/ enriqueciendo la genealogía de la dicha". Consecuentemente, como apunta Blanca Castellón al hablar del Árbol de la vida (1998), los sentimientos expresados en esta obra hacen que "se creen y recreen en el lector donde aparentemente han permanecido adormecidos por el golpe inevitable de lo cotidiano, sobre todo en estos dias en que las noticias solo hablan de huracanes y lluvias asesinas de nuestros hermanos" de la Costa Caribe nicaragüense. Ello es asi porque en los inmensos y deslumbrantes palacios de su poesía hay también lugar, conforme al enfoque de Gioconda Belli, para la belleza como filosofía de la vida, para quien quiera huir del mundanal ruido y requiere tal vez de una introspección hamletiana en lo profundo de su ser, o para una Celebración de la inocencia (2001) a la que se integran elementos como el hogar, la familia y el espíritu ahito de lo mundano y en busca del paraíso.
Asi que en vez de encontrarse el paraíso de! poeta en un lugar determinado, su paraíso está más que nada en su ser interior, y, por eso para llegar a él recurre frecuentemente a la metamorfosis como parte de su propuesta escritura!, como dice Fanor Téllez, ayudado por la propia poesía, pues según Octavio Paz, la poesía es metamorfosis, cambio, operación alquimica, y por eso colinda con la magia, la religión y otras tentativas para transformar al hombre y hacer de "éste" y de "aquel" ese "otro" que es él mismo. Es por eso que para intentar llegar y gozar de ese paraíso de Francisco de Asís Fernández, en su ser interior, el lector ha de "tener el ojo limpio y la mente amplia para atrapar cada partícula de su pensamiento", como dijo CAO al darle la bienvenida el día de su ingreso a la Academia Nicaragüense de la Lengua, o ha de saber que la realidad se altera a su paso, que como en la Odisea de Hornero las cosas pueden cambiar de forma, pueden desdoblarse con facilidad, puede aparecer una Circe reteniendo su viaje, etc., pero que al final regresa a Itaca, Granada: ciudad de su eterno retorno, y la que le ha hecho creer -como le hizo creer a Luis Lambert, según Balzac, lo acaecido bajo el techo paterno-, en sus maravillosas visiones en su vida, pasiones, sentimientos, nostalgias, desencantos, etc., como prueba del poder de visión de que goza su ser interno.
Emanuel Swedenborg, según Jorge Luis Borges, abandonó el estudio de la ciencia para entrar en lo espiritual, y, tenia un poder de visión interior, que "el diálogo con los ángeles empezó a ser un hecho cotidiano para él", así también para Francisco de ASÍS Fernández es normal el abandonar todo de repente para poder seguir buscando el paraíso que está dentro de él mismo. Tal vez por eso los críticos dicen que poesía es lo único que ha sabido hacer y poeta lo único que ha querido ser, sin percatarse exactamente que para él es posible que sea la única senda que existe para estar en contacto con el paraíso. Que aunque haya tenido y tenga como todo hombre intereses profanos, según JEA, "lo que ha predominado en su talante es su talento, mejor dicho: su inteligencia e intuición, su optimismo y gracia juveniles", sin darse cuenta exactamente que quizás sea por la misma razón. No se puede decir si esto lo hace un poeta de las muchedumbres, pero indefectiblemente ahora está llegando a ellas a través del festival internacional de poesía de Granada, lo que no lo desvincula de los grandes escritores y poetas y de las artes plásticas del mundo como Walt Whitman, Pablo Neruda, William Blake, Rubens, Mantengna o de los grandes escritores y poetas y de las artes plásticas de Nicaragua como Enrique Fernández Morales (su padre), José Coronel Urtecho, Salomón de la Selva, Joaquín Pasos, la generación de los años 60 llamada "Bandoleros" (de la cual la critica lo considera el mejor), Grupo Praxis (de quien fue uno de sus miembros), y, entre otros más, con la obra de Armando Morales por ser Granada para éste también su "almacén de recuerdos".
Finalmente, su paraíso, en las profundidades de su ser, no tanscurre desapercibido por las llamas donde arde Troya llena de héroes con todas sus virtudes y hombres comunes con todos sus defectos. He aquí la riqueza del mundo paradisiaco del poeta. Mundo interior jamás expresado hasta hoy por otro poeta nicaragüense. Mundo poético nuevo y de gran trascendencia para la literatura nicaragüense y centroamericana. De tal manera que si viviera Beltrán Morales, seguiría diciendo: "este es el mejor y más logrado Fernandez".
Licenciado en ^ute^yr-íetras y Máster en literatura Hispanoamericana y de Centroamérica.
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