En los 50 años del niño Francisco de Asís Fernández


Por Julio Valle castillo

I


LA POESIA nicaragüense ha sido una empresa de niños, es decir, una empresa creadora de novedad, precocidad, frescura, primer día del mundo para Nicaragua, el mundo que se llama Nicaragua, inocencia, imaginación, intuición, emoción y, por tanto, subversión, crítica, revolución, revelación y rebelión.
Algo de lo que ha perseguido el arte moderno occidental en este siglo XX.
Rubén Darío fue el poeta-niño por excelencia, el primero y el mejor, el mayor de todos. Todo el abecedario. Nuestro A-B-C-DARIO...
Su llanto y sus balbuceos eran medios, en verso, versificaba: sus primeros pasos fueron con pies griegos. A los 3 años sabía leer y ya había leído el Quijote, la Bíblia, Moratín, Cicerón, Madame Stael.
Poeta-niño fue Azarías H. Pallais.
Aún cuando la vejez le pegó la piel al cráneo, a la frente, a los pómulos; un candoroso adolescente seminarista salía al encuentro de entre sus arrugas.
Poeta-niño fue Lino Argüello, el nieto de una abuelita adolorida. Linito lo llamaban las gentes en las barriadas leonesas por donde deambulaba desamparado en su bohemia lunar.
Otro niño, Salomón de la Selva saltó ante el hermoso autócrata liberal, General José Saltos Zelaya, orador encendido -dejaría de ser leones- reclamando por la Libertad -dejaría de ser poeta- y por la libertad de su padre, preso por el régimen, y la consiguió.
Y después, becado por el mismo Zelaya, se fue a Los Estados Unidos y de aquí marchó bajo las banderas de un rey a jugar a la guerra en los campos de Europa en la primera contienda mundial.
Poetas-niños fueron todos los miembros del Movimiento de Vanguardia de Granada:
José Coronel Urtecho con sus calcetas y su corbata de florón de alumno jesuita dirigiendo el circo de la poesía moderna en el atrio de la iglesia de la Merced: haciendo maromas, malabares con palabras e imágenes, guardando el equilibrio sobre cuerdas flojas, domando letras como fieras y riéndose con su gran boca carmesí.
Pablo Antonio Cuadra cabalgando versos y galopando versículos por los llanos de Chontales e inventando un país en su cuaderno escolar y coloreándolo con lápices: un lago aquí y un volcán allá, la venta de las vocales, un río, un arco-iris sobre esta colina y un árbol que en vez de hojas está florecido de chocoyos.
Joaquín Pasos bebiendo su biberón, colochón y mimado y débil y pálido como un príncipe, hermanito menor de Pinocho, armando y desarmando muñecos de rimas.
Manolo Cuadra huérfano de madre y usando pantalones largos, de hombre viejo, casquinero, tromponero de puro sentimental, sensible y sensitivo.
Rubén Darío murió después de haber cumplido los 49 años.
Joaquín Pasos nació como Huidobro a los 33.
Manolo Cuadra llegó con muchas dificultades a los 50.
Muchos otros poetas no han pasado de la adolescencia.
Octavio Robleto está aún en edad lactante echado sobre las ubres de unas ideales vacas eglógicas.
Fernando Silva continua de pie en la punta del muelle de san Carlos viendo como se va su papá, el Comandante, en una lancha bajo un cielo lluvioso y más triste y lloroso que él.
Mario Cajina-Vega es el hijo de sus tías y tíos Vega Fornos y Cuadra Vega, quienes le prodigan mimos y halagos. Niño de cuidado, enfermo de toschifladora de tantos ciudados.
La “Generación Traicionada”, de Managua, los Grupos “U” de Boaco y “M” de la capital, “Presencia” de Diriamba, el Frente “Ventana” de León, más bien de la Universidad, estaban integrados por desmelenados, rocanroleros, radicales, polarizados, sectarios. Versiones tropicales de los beat que desaparecían y de los hippies que llegaban.
Las muchachas aquí nunca fueron poetisas, si no poetas. Mujeres poetas. Eternas muchachas.
Se aparecieron los señores poetas y/o los papás poetas con sus hijos poetas:
El adusto y adulto profesor Don Luis Alberto Cabrales de la mano de su Julito Cabrales, tocado de genio y de locura.
El exvanguardista Octavio Rocha, ya próspero comerciante, con Luis Armando Rocha Urtecho, echado a perder como heredero de gerencias y cobranzas, pero ganado como poeta.
Y el buen Don Juan Francisco Gutiérrez con su párvulo, Alvaro Gutiérrez, que con una mano pinta y con la otra escribe. Hasta llegar a Leonel Rugama, puro y duro, listo para la primera comunión, empuñando su candela de dinamita.
Cuando en 1969 conocí a mi padre y maestro Ernesto Mejía Sánchez en un Zaguán en sombras de una casa vecina a San Francisco de Granada, aún no había cumplido sus 50 años.
Cuando Carlos Martínez Rivas pasó como exhalación por Managua rumbo a Costa Rica y le dejó un autógrafo en un billete de 50 dollares a Tomasita Valdelomar, quien atendía en el mostrador de la esquinera cantina de Cachecho en la vieja Managua, aún no cumplía 50 años.
Cuando vi por primera vez en mi vida al padre Ernesto Cardenal en el parque de exposiciones de la Colonia Centroamérica, cotona, caites, jeans o azulones, aún no cumplía sus 50 años, pero ya tenía barba y cabellera prematuramente cana.
Pero la memoria que priva de Cardenal es la del niño invariablemente enamorado, distraído y agudo como un pájaro encantado.
Y la de Martínez Rivas, Carlitos, el niño genio, lleno de “gracias y vaivenes”, cantando en las veladas del Colegio Centro América del Sagrado Corazón de Jesús de Granada: “C'esosi bon...”
Para entonces los Ernestos ya constituían verdaderos mitos.

II


AHORA vengo como invitado al cincuentenario del niño Francisco de Asís Fernández, y me apresuré porque, seguramente, no estaré para su centenario.
En verdad, ésto parece una mentira mía. ¿Cómo es posible que Francisco de Asís cumpla 50 años, o al menos, tenga 50 años? ¿Chichí, con nombre de pacha, el infante mimado y chinchineado por la comadre Mercedes, el primo de mi primo Chale, el novio de Michele y biógrafo de Honey, el primogénito varón del poeta, pintor, narrador, dramaturgo, y coleccionista Enrique Fernández Morales y de Doña Rosita Arellano?

Sí, en efecto, el mismo, cumplió, 50 años el 3 de mayo, día de la cruz.
Francisco, quien con el otro “poeta carpintero”, Raúl Xavier García y su otro primo, Jorge Eduardo Arellano y otros adolescentes levantaron el estandarte de Bandoleros de Granada, y después se fue a España y allá en el Madrid de los sesentas, vivió y convivió Carlos Martínez Rivas y el padre Angel Martínez, y ensayo a escribir novela o prosa narrativa, imaginativa e hizo teatro y se casó con una muchacha portorriqueña y se vino al Caribe, a Las Antillas y se radicó en Puerto Rico e intentó ser pintor y retornó a Nicaragua.
Pero ya antes del viaje a Europa había residido en México y Estados Unidos y antes de este retorno a Nicaragua había publicado en México su primer poemario: A principio de Cuentas (Finisterre, 1968), con una ilustración del gran cuestionador del muralismo mexicano y espléndido dibujante, José Luis Cuevas.
El mismo Francisco, el muchacho peinado de partido en medio y pierna cruzada que aparecía en un anuncio de los diarios vendiendo no se qué bebida, licor o cerveza, como publicista extraño sonriente, Feliz.
Ese mismo se metió a conspirador contra la dictadura de los Somora y se convirtió en revolucionario sandinista, a pesar de descender por sus cuatro apellidos, que son echo de la más rancia oligarquía granadina, con todo y heráldica y la primera santa de Nicaragua, Mamá Elena Arellano.
Y entonces aquí, con nuevos pintores e intelectuales de izquierda reactivó el grupo PRAXIS galería y revista y en la Universidad Nacional trabajó como profesor y con el movimiento estudiantil y en la casa de su padre, allá en Granada, entre óleos coloniales y abstractos, muebles y ejemplares de la imaginería criolla y peninsular, entre capillas y camarines, escondió a guerrilleros y mensajeros o correos de la guerrilla, y se casó esta vez con la Gloria Gabuardi.
Ese mismo que en 1974 llegó exilado a Méxíco con las cassette de las canciones de Carlos Mejía Godoy y la Gloria y Martha Lucia y la Juana Mulligan con René Patricio en brazos.
En México se transportaba desde Ciudad Satélite hasta Coyoacán en un Safari cuyos arruinados parabrisas, según la innovación, eran movidos y halados con un mecate si llovía, ya por la Gloria, ya por mí; bebió y bebimos y cantaba acompañado de guitarra y con hermosa voz, a veces entonada de rones, rancheras y canciones criollas tiernisimas como aquella que tenía dejo o guiño autobiográfico: “Una negrita se enamoró / de un joven Blanco que le agradó / y la negrita pronto enfermó / porque su amante la abandonó. / porque su amante la abandonó...”.
Aquí en el D.F. organizó la primera semana de solidaridad con la lucha del pueblo de Nicaragua sacando a la legalidad la bandera roja y negra con aquellas letras en blanco FSLN y el primer Comité de Solidaridad con Nicaragua, que en los años inmediatos se multiplicarían por América y Europa. Y se le vio y oyó como teórico de la Guerra Popular Prolongada, parafraseando aquella célebre frase del Manifiesto: “Un fantasma recorre América Latina...”.

Asimismo seleccionó y prologó una antología que demostraba e ilustraba la larga militancia política de la poesía de Nicaragua. Derrocamos a Somoza y triunfó la Revolución y al principio, durante y al final, que nadie sabía que era el término, de la decada, Francisco de Asís Fernández dio guerra y dio de que hablar (único Secretario General de la ASTC elegido, no impuesto)y cuantas veces salió derrotado o malferido, purgado y sancionado por los Comité de Base y sus Secretarios Políticos, volvió, por fortuna, a lo único que ha sabido hacer: poesía, y a lo único que ha querido ser: poeta
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ecepticismo; pero, en cambio, el poeta metido a revolucionario era el rebelde que ascendía a otra etapa más alta de rebeldía. Del rechazo a sistemas injustos, inhumanos, brutales, a la transformación del mundo, se creía.
Creíamos.
El poeta, político o no, siempre sale mal y máxime entre políticos, porque nosotros, los poetas nos desvivimos por decir una palabra “esencial en el tiempo” y los políticos viven para desdecirse.
Sin embargo, Francisco de Asís alcanzó el Poder y la Gloria.
La Gloria, su mujer y el poder, el de la poesía. Unico poder que no se acaba en medio de todo lo que se ha derrumbado y de lo derruido.
Sin embargo, el muy necio insiste, y desde 1991 rompió con la hortodoxia sandinista y se apartó hasta llegar a la propuesta de febrero de 1992, “Sandinistas por el Proyecto Nacional”: un sandinismo con ejercicio del criterio, plural, democrático, renovado y renovador, que renuncia a los métodos violentos de lucha, a la dictadura del proletariado, al centralismo democrático, etc. El quiere ser diputado, ministro, embajador o secretario. Quiere tener algo con el poder. Qué vamos hacer!
He venido soltando todas estas palabras y todos estos nombres y podría decir otras y otros nombres y podría precisar imágenes y apuntar situaciones.
Digo: Sectarismo (él GPP y yo, Tercerista).
Chichilaquiles,
Francisquito, Enrique Faustino y su guitarrita, Camilo René al borde de la muerte recién nacido, Gloria Marimelda, Artorez, Zona Rosa por cuyos café y restaurantes Franciso luce mi capa y los bastones de mando de sus abuelos, Tacos los Panchos, la Moncha y Alvaro Gutiérrez,
Mary Jane Mulligan, la musa,
Leonel Vanegas, el tata,
Juan Bañuelos, José Luis Balcárcel,
Toledo un sábado por la mañana, “El entierro del Conde de Orgaz”, Madrid: otro mediodía comiendo y bebiendo vinos tintos con Luis Rosales y los amigos españoles Pedro García Domínguez, Marcos Ricardo Barnatán y César Ballester, Segovia y su acueducto ya oscuro contra el crepúsculo un domingo, el Valle de los Caídos y El Escorial, dos cementerios, dos monumentos a la muerte en España, la tumba del Generalísimo Francisco Franco, Félix Grande, Fernando Quiñónez y Nadia, El Prado y el Casón del Buen Retiro, recorriendo las galerías laterales por los sesentaitandos dibujos y grabadas, apuntes, esbozos y bocetos preparatorios del Guernica y el Guernica de Picasso en la sala central, las últimas horas en Madrid con Rafael Alberti en casa del Embajador Orlando Castillo Estrada...
Y antes y después: Tres Marías y tecates, Cuernavaca, Masaya, Coyoacán, parque de la Conchita, Ramen, Puente de Ixtla, Tanana.
Hemos dado recitales juntos en el Museo de San Carlos, en la Galería Tierra Adentro y en la Biblioteca Vicente Lombardo Toledano de México. He compartido la espectación, la espera y he celebrado el nacimiento de sus hijos y he llorado con él la muerte de su padre en el cementerio de Granada mientras esperabamos la llegada de la hermana, para darle sepultura.
No respondo a sus innumerables y urgidas llamadas telefónicas, pero cuando accedo tengo que escuchar la lectura de su último o más reciente poema, que según él —y yo a veces hasta lo digo— es el mejor poema del universo mundo.
Hago el recuento: A principio de cuentas (1968), La sangre constante(Managua, Ediciones Cuum, 1974), En el cambio de estaciones (León, Editorial Universitaria, 1980), Pasión de la memoria (Managua, Editorial Nueva Nicaragua, 1986).
Sus libros de poesía: poesía como pasión, lenguaje de la pasión, memoria, mamá de las 9 musas del Parnaso. Un mismo libro, un mismo poemario risueño, festivo, coloquial, anecdótico, familiar, ampliándose con poemas serios, racionales y poemas políticos, panfletarios, enrriqueciéndose con poemas en prosa y textos herméticos, eróticos, amorosos, haciéndose y rehaciéndose constantemente, en permanente gestación verbal.
De ese libro quiero nombrar los poemas que no deben de faltar en una antología de los últimos 30 años de la poesía nicaragüense.
-“Mi primo Chale”
-“Biografía de Honey”
-“Me parezco”
-“Al hijo”
-“Meditación ante la muerte del héroe”
-“Autorretrato del pintor Róger Pérez de la Rocha”
-“La Señora Askew”
-“A Carlos Martínez Rivas, un romántico”
-“Ars poética de los viejos nicaragüenses”
-“Pasión da la memoria”
-“Celebración de la inocencia”
Ante tanta vida es posible sumar, en verdad, 50 años. Téngannos miedo, los niños somos capaces de alcanzar los 50 años.
Ustedes, políticos aquí presentes, cuando Francisco de Asís llegue o se les acerque, no le crean. Los poetas son anarquistas de suyo, individualistas, conflictivos, problemáticos invariablemente porque dicen la verdad o lo que creen y quieren.
Nosotros, poetas, artistas, pintores, músicos amigos también aquí presentes, juntémonos, celebremos, que si no somos nosotros, nadie nos celebrará ni cantará ni saludará.
A veces le he dicho la verdad a Francisco de Asís y no la cree, porque prefiere mis mentiras. Tiene la certeza de que ya somos mitos, o por lo menos, mitomanos.
Yo lo he calumniado y él me ha calumniado. No soy su amigo, soy su hermano
He tratado de escribir el nombre de FRANCISCO y me sale JULIO.
He querido describirlo con esta numeración caótica representarlo, presentarlo y lo único que me sale es afecto fraterno, amor, testimonio de fondo, complicidad.
-“Asis-tidme en mi última agonía” rezaba un juego de palabras y quizá un ruego Ernesto Mejía Sánchez.
Mientras llega ese instante, yo esta noche me quedo escuchando su chillido natal, su llanto primigenio, a los 50 años de su edad.

Managua, mayo de 1995.