LOS TONOS CALIDOS DE HIELO


Edgard Cardoza B.

Francisco do Asís Fernández (Granada, Nicaragua, 1945), es un cantor de realidades, del ordinario transcurrir del mundo. El lenguaje que utiliza es sencillo, sin caer en el simplismo; el tono - cálido, sin derretirse en el abrazo. Raras veces se sepan del - suelo en que vive, no divaga en las alturas: pájaros, mitos, astros, son sólo cuadros que complementan el mobiliario de su casa, la poesía. No persigue quimeras, es un poeta de lo concreto, y da a lo -
concreto el tratamiento que requiere, sin exageraciones ni huidas. Sus personajes y recursos provienen de la gente que vaga preocupada por las calles, del hombre que trabaja hasta el cansancio, de la mujer que visita el mercado, del ser que deambula en la rutina. Sus comentarios no dejan dudas, sus palabras pesan, a fuerza de ser directas:

“Si no conoces tu país, teme.
Ya es hora de cantar
El agua empozada desbordará los ríos
y tu cadáver
en la avalancha quedará sobre alguna rama seca.
Si no conoces el canto, huye”.

Fernández no agrega elogios a los nombres mayúsculos, más bien los aligera de heroicas vestimentas y luego los viste lentamente de cicatrices, debilidades y facciones humanas. Los traba como a cualquier paisano, los invita a compartir y departir con él:

“Rubén Darío,
repugnante y amado figurón
en cursis monumentos de las plazas
eres inaguantable.

Tu nombre pesa montañas sobre nuestros hombros;
no podemos seguir bajo tu carga.”

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En sus textos familiares, el amor se despoja de regodeos y se convierte en un querer que duele, pero el dolor no resta vos a la ternura:

“Estás libre del cariño de todos y nada has conservado;
solo tu amor defectuoso para ellos”.

Lo sensual es para el poeta, un rito de intercambio de energías, - durante el cual podemos negar el paraíso, seguros de que el agua bendita del instinto nos librará de culpas:

“La belleza es la epifanía de tu cuerpo desnudo
amaestrado para ser seducido y domado.

La magia son tus caderas,
el arco tenso de tu pie sobre la cama
impulsándote y expulsándote del paraíso.”

El paisaje lo tiente, pero no lo seduce, porque para él, paisaje es un todo del que el hombre es primordial elemento. Si el hombre sufre o -se desangra, el paisaje se marchita porque es del tamaño y consistencia- de la vida. Por eso rodea los maderos floridos y los montes de excelsos colores, de calles, de cornisas cayéndose, de perros famélicos, de mujeres bailando silenciosas, de indígenas rotos como cántaros. Por eso las golondrinas no sólo hacen nidos y vuelan con gracia, sino que también

“Llevan agua a los ojos
para extraerlos fácilmente.”

Francisco de Asís, traslada la naturaleza a la página sin demeritarla o agregarle adjetivos a su perfección, la aborda en su punto de equilibrio y se integra a ella como una hoja o una piedra más, luego va llamando elementos y transformándolos en fieles y dignas partes de ese todo:

“Qué mares, que riberas,
que rocas, grises!

¿En que islas
oh amada mía
has dejado tus recuerdos?”

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Sus preguntas son eslabones evocadoras imágenes, llaves para el enfrentamiento:

- ¿Qué hace la selva bella, exhuberante, majestuosa, por la soledad de un hombre?
- ¿Qué hacen los manantiales cristalinos por un prisionero?
- ¿Es la almohada descanso o angustiosa “pasión de la memoria”?

poesía de Francisco de Asís Fernández, se desplaza entre la añoranza y los contrastes, el mayor placer de su imaginación son los recuerdos aderezados de felices anécdotas o lejanos dolores. Para él, añorar es vivir. Su pensamiento tiene la particularidad de convertir aún lo - más cercano en tiempo o hasta la irrelevante, en historia digna de sercontada. Si hubiera alguna manera de sintetizar la voz de Fernández, diría: Poesía que cuenta, historia poetizada, radar melancólico que ha logrado captar “los tones cálidos del hielo”.


Francisco de Asís Fernández, PASION DE LA MEMORIA,
Editorial Nueva Nicaragua, 1986.